domingo, 7 de noviembre de 2010

Temblaba, temblaba de frio o quizás de miedo.

-¿Qué tal todo?
-Pues bien, de momento bien.


Me pregunta a menudo cómo creo que terminará todo esto. A menudo le contesto que no lo sé y otras veces simplemente no le contesto. Cuando no contesto es más fácil porque entiende en qué estoy pensando.
Si todo acabase con Ringo y el piso azul no sé si lo clasificaría dentro de la carpeta de finales felices, quizás sea porque todavía dudo mucho que existan los finales.
Simplemente si todo llega a ese punto, sería un: "Vaya, estamos aquí" seguido de un intercambio de sonrisas y quién sabe qué más.

No se acabaría nada, no habría un fundido en negro con letras en blaco que rezasen The End, ni unos créditos finales, ni siquiera habría un corte de escena. Porque en la vida de verdad no existen ese tipo de cosas.

Según John Winston Lennon la vida es eso que te va ocurriendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes, y es verdad. Diseña lo que quieras, ella se ocupará de destrozártelo. Aunque bueno, para qué negarlo, a veces esta zorra destrozaplanes te da alguna que otra concesión, simplemente para que no te amargues demasiado. Ese espacio de tiempo en el que tus espectativas se alinean a la perfección con la realidad es lo que la gente suele llamar felicidad.

Bien, pues aunque los finales no existan, espero que al menos en algunos momentos la vida me sonría(no falsamente) y me regale expectations=reality. Entonces le daré las gracias y dejaré de llamarle zorra destrozaplanes.

Y a lo mejor así podré responder.
"¿Cómo crees que acabará todo esto?" me seguirá preguntando, y yo, con una sonrisa(no falsa) le contestaré: "Como yo quería. Bien".



Dedicado a ti, a mis miedos, y al renacer de esa mirada.